El milagro Añaños

El milagro Añaños
Por Oscar Torres
Ángel Añaños es el presidente del Directorio de AJE.

Muchos se preguntan ‘cómo puedo tener éxito si pongo un negocio’ A continuación, la historia de la familia ayacuchana que empezó sembrando verduras y ahora sus gaseosas se venden en 14 países del mundo.

‘La extraordinaria historia de los Añaños debe ser divulgada como un ejemplo. Los analistas de Wall Street calculan que esa empresa familiar tiene ingresos anuales que superan los 300 millones de dólares, y que su competencia está creando serios problemas a los gigantes norteamericanos de la Coca-Cola y la Pepsi-Cola’.

Mario Vargas Llosa (tomado del diario ‘El País’ de España, año 2003)

Ellos pertenecen a uno de esos maravillosos accidentes de la estadística. Cómo una modesta familia ayacuchana, construida por Eduardo y Mirtha, secundados por sus seis hijos (Jorge, Ángel, Vicky, Arturo, Álvaro y Carlos) pueden, luego de elaborar la fórmula de una nueva bebida, hipotecar hasta su casa, comenzar a fabricar gaseosas en su patio, embotellándolas en envases de cerveza que ellos mismos etiquetaban; facturar sobre los 3 mil millones de litros al año en catorce países (Perú, Venezuela, México, Colombia, Ecuador, Chile, Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Tailandia y España).

Ángel Añaños es el presidente del Directorio de AJE (así se llama la empresa que tiene marcas como Kola Real, Big Cola, Oro, Big Citrus Punch, First Naranja, Sporade, Cielo, Free LighT, Pulp, Big Manzana, Cifrut, Cerveza Franca y Free Tea). Trome, en exclusiva, conversó con el líder de este ‘gran equipo’, premiado el año 2002 como el empresario del año y por primera vez, cuenta el secreto del éxito de los Añaños a un medio de comunicación.

Ángel, ¿cómo comienza a gestarse esta historia de éxito casi milagroso?
Mi padre se dedicaba a la agricultura. Mi mamá era profesora de una escuela pública allá, en Ayacucho, donde nacimos. El campo nos forjó los primeros pasos. Ahí tienes que sembrar, arar y vender. Cuando teníamos 13 ó 14 y hasta los menores de 8 años participaban. Sembrábamos hortalizas y estas las vendíamos en un mercado cercano que era ‘San Miguel’, porque ni siquiera somos de Ayacucho, sino 130 kilómetros más al fondo, adentro (Patibamba). Luego nos expandimos a Tambo, después a Ayacucho y, finalmente, llegamos a Lima. Nos demoró entre cuatro a cinco años. Empezamos a crecer en el campo de la agricultura, pero vino el terrorismo y tuvimos que abandonar todo. Dejamos las tierras y nos refugiamos en la ciudad.

Luego llegó el ¡boom! de las bebidas. ¿Es verdad que como no llegaban a Ayacucho por el terrorismo, ustedes decidieron hacer sus propias gaseosas y venderlas?
Es cierto. Esa fue la segunda etapa, que empieza en Ayacucho. La primera planta la hizo mi hermano mayor, Jorge, con mis padres. Tres años después, el resto de los hermanos nos integramos e hicimos una similar en Huancayo. Ahí vino el cambio, porque así como nosotros había 300 empresas que hacían lo mismo, entonces, ¿cuál era la diferencia de ellas con nosotros? La única, por simple que sea, era que por aquel momento estaba en el Perú, Miguel Ángel Cornejo (gran motivador mexicano) explicando el ‘Milagro japonés’ (un país destruido se convierte en segunda potencia económica del mundo), nosotros creímos en eso y dijimos nosotros podemos crear el ‘Milagro Añaños’.

‘Empezamos de la nada’

¿Al comienzo los envases de sus gaseosas eran reciclados?
Efectivamente, muchos saben que las botellas de cerveza eran genéricas, entonces, en provincias, las bebidas se envasaban en la botella de cerveza color ámbar, marrón… en la de 600 mililitros y con etiqueta. Nosotros no fuimos los inventores, pero sí desde que empezamos en Ayacucho, incluyendo el norte del país, lo hicimos con la botella de cerveza etiquetada. Posteriormente, cambiamos a la botella propia que nos dio mucho mayor impulso también para las ventas, pero soy un convencido de que, en la adversidad, viene la creatividad.

Teniendo mentalidad positiva, ¿cuáles fueron las primeras metas?
En aquel momento decidimos y nos convencimos de que ‘en diez años queremos estar dentro de las 20 mejores empresas del Perú’. No teníamos absolutamente nada. En Huancayo, iniciamos nuestras operaciones en un local rentado. Pagábamos 250 dólares mensuales por esa casa. La diferencia es la visión, es el sueño o la meta en función de una persona que no era peruana, el señor Daewoo, quien después de vender periódicos pudo generar una corporación (automotriz) tan grande o ejemplo de otros países (Japón) que te pueden inspirar y hacer crecer.

¿Sintieron discriminación cuando llegaron a Lima?
Soy serrano, a mucha honra, pero más que eso, no es que el serrano sea mejor o el costeño sea mejor. La discriminación empieza cuando tú mismo te discriminas, cuando te empiezas a sentir menos. Cuando la gente te ve que eres serrano y con mucha dignidad, ni siquiera te va a menospreciar.

Tienes empresas en 14 países, incluyendo Tailandia, ¿por qué llegar primero a Venezuela?
Antes de salir del Perú, que fue en el 98, dijimos llegar a Lima, de Ayacucho, nos ha demorado 10 años. Antes de ir a Venezuela, hicimos un viaje más o menos de 60 días. Estuvimos en Asia y muchos países de América Latina. En Perú bajamos nuestros precios, igual ganábamos mucho dinero y la competencia también bajó los suyos. Todos bajamos, cuando nos dimos cuenta, al llegar a Venezuela los precios eran el doble de Perú. Ahí , los resultados económicos se dieron rápidamente y fueron maravillosos.

¿Cuál es el país donde tienen más suceso los productos de los hermanos Añaños?
Del 100% de nuestras ventas, el 82% está fuera del país. El Perú (Ayacucho, Huancayo, Chiclayo, Sullana, Trujillo y Lima, entre otras) representa el 18% de nuestras ventas, luego sigue México con un 40% y, dentro de ese proceso, otro país que viene muy fuerte es Tailandia con 15 %. Colombia también con 15%. Son los países más representativos.

Un lector de Trome que lo lee dice: ‘Tengo 100 soles en el bolsillo, en qué y cómo los puedo invertir’.
El dinero es una limitación que nos ponemos mentalmente. La idea es invertir esos 100 soles, venderlo y ganar 10%. Vuelves a vender y tienes 20%. Lo sigues volviendo a vender, pero lo importante es que tengas primero la voluntad, pasión, fuerza y energía de poderlo hacer. El asunto es invertir, reinvertir, entregarse completamente las 24 horas del día. Como consecuencia de eso, vas a alcanzar los objetivos que tú quieres.

¿Los Añaños trabajan las 24 horas del día?
Efectivamente, de día, de noche y hasta soñando, siempre con las bebidas.

Tú eres el presidente del Directorio del Grupo AJE, ¿cómo haces para que no se peleen entre hermanos?
La unión de la familia nace en el crisol del hogar. Los responsables de esto son mis padres, Mirtha y Eduardo. Si hay diferencias de opinión, la solución viene de todos. Acá no se toman decisiones por mayoría. Si de todos los hermanos hay alguien que opine diferente, hay dos posibilidades: o el que opina diferente nos convence a todos que es el camino, o todos lo convencemos al que opina diferente que este es el camino.

De los hermanos Añaños, ¿quién es el menos solemne, más divertido y chonguero?
Carlos es el que lleva la mayor chispa. Es el menor, es el benjamín de la familia. Vive en España y como decimos: ‘Nosotros trabajamos, él (Carlos) disfruta, ja, ja, ja’. Tenemos una base corporativa allá en España y, en este momento, él está viendo la operación de Tailandia. Allá, Carlos tiene un gran reto y lo está haciendo muy bien.

Vicky es la única mujer, ¿cómo la tratas?
Mi hermana está en la empresa, pero por nuestro pensamiento machista le hemos quitado algunas oportunidades y recién empiezo a reconocerlo en los últimos años. Creo que las mujeres son tan capaces como los hombres.

¿Qué recuerdos de tu infancia?
La etapa más feliz de mi vida ha sido cuando fui niño. Caminaba por el bosque con mi honda, cazando pájaros en el campo. Alguna vez le dije a alguien con quien conversaba: ‘Ni el lanzamiento en Venezuela ni la conquista del mercado venezolano me ha dado tanta felicidad como aquellos días en el campo caminando bajo la lluvia’.

Define a tus padres, Mirtha y Eduardo.
Mi madre es mi mejor maestra, mi líder. Quisiera ser igual a ella (su voz se entrecorta). Ella, a las 3 de la mañana, con su lamparín iluminaba nuestros primeros pasos para ir a regar, sembrar y cultivar. Todo lo que hemos logrado se lo debemos a ellos, a mi mamá y mi papá. En especial a mi madre, porque yo soy una consecuencia de sus acciones. Mi padre es un gran maestro. Nos dejó el espacio para ser, nos dio la oportunidad y nos involucró en el sueño agrícola que había en ese momento, para que después venga la escuela de las bebidas.

¿Cuál es el gesto de tu mamá que más te marcó?
Cuando estábamos todavía en el campo, veníamos felizmente creciendo, teníamos la necesidad de comprar un camión para vender nuestros productos. Mirtha (su madre) sacó todas sus joyas, incluyendo su aro de matrimonio, y me dijo: ‘Vende esto y compra las cosas…’ (se le entrecorta la voz).

¿Cuál ha sido el regalo más lindo que le diste a ella?
Algo no muy grande, fue el primer sueldo que gané de prácticas preprofesionales y se lo regalé a ella. No era mucho, pero algo simbólico.

¿Existe una gran diferencia entre ser pobre y rico?
No. La única diferencia es el aprendizaje, porque dentro de todo hemos aprendido a seguir siendo iguales. Lo mejor que puede tener una persona es que puede ser rico, pero no debe dejar de ser humilde. Hay que tener ‘los pies en la tierra’. Nacer en Ayacucho, en el lugar donde nacimos, fue un privilegio. Nacimos ‘aterrizados’. Además, acuérdate que todos nos vamos a morir y nos iremos sin nada.

Tienes tres hijos. ¿Cómo los crías teniendo en cuenta que tu mundo en la niñez fue muy distinto al de ellos?
Educar a los hijos, cuando tienes dinero, es mucho más difícil que hacerlo cuando no lo tienes. La necesidad es la mejor maestra para formar a los hijos. A mí me está costando orientarlos, porque a veces aprendemos a sobreengreír, a darles las cosas con mucha mayor facilidad y, creo, ahí tengo una tarea pendiente.

Entre ‘la puca picante’ y un plato fino a base de ‘caviar’, faisán o camarones, ¿qué decides?
En Ayacucho tenemos un plato que es el ‘mondongo’ o ‘la patasca’. Yo prefiero el ‘mondongo’ que el ‘caviar’. También me encanta ‘la patita’ que es superdeliciosa versus un plato equis de camarones. Igual, no vamos a despreciar el camarón. Cada uno, dentro de su contexto, es sabroso. Yo voy a cualquier restaurante, de cinco soles como de ‘cinco tenedores’, y al superexclusivo que puede costar miles de dólares y también me doy un lujo, porque tampoco puedes negar lo otro.

¿Whisky etiqueta azul o una chicha morada?
No soy de tomar whisky ni etiqueta azul ni etiqueta negra. Prefiero una bebida cualquiera y realmente he tenido oportunidad de probar vinos de 500 dólares y de 20 dólares, y me quedo con los de 20, porque no sé si alguien le encuentra la diferencia. Realmente, yo no la encuentro (risas).

‘La pasión es la base de todo’

En una empresa exitosa, ¿qué tan importante es la razón y la pasión?
En nuestro caso, la pasión es el 90% y la razón, el 10%. Esta empresa se ha construido justamente gracias al sueño y detrás del sueño viene la fuerza de la pasión. Además, en la medida que estemos preparados para lo peor, esperando lo mejor, pues, iremos bien.

¿Qué le envidiarías a una persona de escasos recursos que a ti te gustaría hacer ahora?
Lo que me agradaría sería caminar sin guardaespaldas, esa sí es una limitación, pero con el resto de actividades me manejo igual que cualquier persona. Cuando voy a provincias (Ayacucho o Huancayo) me doy el lujo de irme al mercado a comer mi ‘mondongo’.

¿Bailas tu huainito?

Bailo mi huainito y mi huaylas cuando puedo. Además, hablo quechua un 70%, o sea, bien. Y cuando era niño, lo hablaba perfecto.

¿Qué tan importante es tener una buena mujer para alcanzar el éxito?
La mujer es tu soporte, es tu apoyo. Es la que te acompaña en los tiempos buenos pidiéndote que no se te suban los humos a la cabeza y, en los tiempos difíciles, es la que te acompaña. Hace 23 años estoy casado con mi mujer, quien es arequipeña. Me casé antes de tener la empresa. Las primeras veces que conversé con ella, yo todavía trabajaba para la empresa privada y cuando le comentaba: ‘Alguna vez me gustaría tener mi propia empresa’. Ella me respondía: ‘Ay, qué iluso que eres’ (risas).

Tu esposa, ¿trabaja en la empresa o se dedica a ser ama de casa?
Se dedica a la casa. Yo realmente siento que está en la casa. Fue un error, creo, que la mujer debe trabajar… porque la mujer es la maestra de los hijos y lo hace mucho mejor cuando está en actividad que cuando está en casa. Sé que en la casa hay mucho por hacer. Pero si la mujer trabaja fuera del hogar, le da valores adicionales.

¿Qué consejo le darías al peruano de a pie?
Que cuando vean a alguien que logre algo, se miren a ellos mismos y piensen que también lo pueden lograr. Todos nos proponemos sueños, pero siempre dudamos y decimos: ‘Eso, creo, no va conmigo. Esto le calza a otro’. Nuestro problema no está en tener sueños, sino que no los aceptamos porque desde chicos nos han dicho: ‘Hemos nacido en un país del tercer mundo. Siempre vamos a ser pobres. Tenemos que resignarnos a lo que tenemos’. Todos podemos cambiar nuestra realidad, en la medida que aceptes ese sueño.

Ángel, te agradezco muchísimo por esta cátedra que nos has dado. Leí un artículo de Mario Vargas Llosa en el famoso diario ‘El país’, de España, sobre el ‘Fenómeno Añaños’ y no se equivoca. Gracias por permitir descubrir tus grandes y positivos secretos. 
Gracias a ti y, efectivamente, es una de mis primeras entrevistas abiertas. Hemos estado un poquito cerrados a los temas empresariales y dentro de ese contexto lo hice, porque Trome es un medio que llega a la base de la pirámide. Este mensaje puede llegar a muchos pequeños empresarios, pequeños emprendedores. A nuestro país le espera un futuro brillante. Si nos decidimos todos, en veinte años debemos ser un país del primer mundo.

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